2009/03/06

Luzbelito se viste en Dolce & Gabbana

Entre hoy y mañana llegará Mario desde Fort Lauderle con la mezcla y remasterización de Luzbelito. Me imagino a Breuer caminando por las calles de Florida con el registro de mi voz y de la guitarra de Skay bajo el brazo. Entrando y saliendo del New River, tratando de que el disco quede lo mejor posible. Ya escuche el disco un millón de veces pero el toque que le dan los yanquis siempre aporta algo nuevo. En la remasterización de “Lobo suelto/Cordero atado” note como los tipos pulen las piezas sonora hasta que esta cobra su mejor brillo. Esta es la gran tarea que hacen. También hay que estar atento y tener cuidado porque si no los controlas un poco te formatean los temas a su gusto. Nos pasó con El Ferry, le dieron tantas vueltas lo trataron de acomodar tanto que la canción perdió buena parte de su encanto. Esta vez le dije a Mario que esté atento a todo, quiero que en la mezcla solo se gane potencia, polenta, que no le metan luz a ninguna zona meandrosa, que no standaricen homologándolo con los ruiditos de moda, no eso no. Mario tiene bien en claro el matiz que pretendemos para Luzbelito. Así que me quedo un poco más tranquilo.
Me sirvo el wisky de la 18 horas, el segundo de la tarde, el de las 17 como un té célerico me arranca con velocidad de la modorra de la siesta, este tiene la propiedad de equilibrar ese viaje veloz que me encamina hacia los más impetuosos mares de la ansiedad. Me acomoda un poco los torrentes de adrenalina que segrega mi mente. La tensión por la espera del material hace que extienda la medida y me quedo pensando en lo loco que es terminar un disco argentino en los EEUU, que la tecnología del norte le de el punto justo a un disco de rocknrroll hecho para conmover precisamente a pibes de barrio de las esquinas de este profundo sur de América. Por momento tengo la sensación chambona de estar adulterando el producto. Es que los pibes sienten orgullo de que sus monstruos, sus preciados freaks, sean de acá, de acá a la vuelta. Pero es necesario, de última siempre terminan agradeciendo que uno gaste sus buenos dólares para que el disco suene como tiene que sonar. Siento que a esta altura sería irrespetuoso de nuestra parte entregar el material crudito como sale de El Pie. También tenemos el derecho, fuera de nuestras obsesiones de malacostumbrar su paladar musical.

1 comentario:

Leandro Raskolnikov dijo...

Qué personaje increíble este Solari. Una mezcla literaria de Bukowski y Durrell, curda y elegancia en el estilo. Salud por eso.