2008/11/04

Prefiero la nada a lo muy poco

Mi compañera, los ojos que me auscultan con mayor detenimiento, me ha hecho notar esta mañana que desde hace un tiempo me detengo más de lo habitual en el espejo.
Me ha preguntado si hay algo que me preocupa. No pude decirle que si. Que me veo un tanto viejo. Físicamente me encuentro bien, quiero decir bien de salud y con mucha energía. Lo que me tiene a mal traer es la imagen, la incipiente calvicie que comenzó a los veinticinco y no a parado hasta convertirme en un irredimible pelado. Salvo al comienzo cuando empezaron a caerse los primeros pelos y a pintarse una coronita en la parte superior de la cabeza nunca le di importancia a este asunto. Debo decir que jamás añoré las largas lanas que algunos años atrás pendían de mi cabeza. Siempre he sido el primero en mofarse de mí mismo. Hasta creo que ha beneficiado mi estampa de rocker intelectual. Hay un cierto respeto endémico hacia los pelados. Pero desde un tiempo hasta esta parte no me convence para nada la pelusita en la nuca, el bigote y la barba de tres días. Sobre todo no me encuentro a tono con los temas nuevos que canto y con el público cada vez más joven. Es asunto exclusivamente mío, yo se que a los pibes le cae bien, les parece simpático el look “hermanos ganzúa”, les parezco un símbolo de austeridad o de fealdad, no sé qué pero algo que brinda autenticidad ante el posmo barato de los pelos parados con spray de las bandas que pululan por ahí con una estética más acorde a mi prima Lucrecia que a un aunténtico rocker. He pensado en raparme por completo, afeitarme bien. Ni un pelo, que brille la calva. Virginia me dice que voy a parecerme a Michel Foucault. Me muestra una foto del francés, llegando en bicicleta a la Sorbona circa 1968. No me desagrada la analogía. Pienso que en este sentido no faltarán los boludos de siempre que van a decir que estoy copiando a Luca que quiero terminar de cooptar toda la gente que, tras la muerte de Luca quedó huerfana de Sumo, pero en este mundo hay que aguantar cosas peores.
Tengo una duda que me carcome, antes de raparme, y es si después de pasarme la máquina no voy a quedar como un enfermo, de cáncer o de sida, esas peladas que ves y quedas duro por la impresión que te provocan, pero no creo que sea así, esas peladas suelen ir acompañadas de un feo color en la piel y de un par de ojos jodidamente hundidos. Por ahora tengo la piel bastante bien y mis ojos siguen soltando una fiereza luminosa digna de un estratega de la guerra. Mañana después de comer, cuando no haya nadie, voy a ir a lo de B.Ostra a que me pase la maquinita.
Busco en el estante de la biblioteca, un libro de Sartre, La Nausea, si no me equivoco existe un pasaje conmovedor del Autodidacta, mirándose frente al espejo.

1 comentario:

Aurelia Diche dijo...

Me mató la analogía con Foucault (Fuki le digo de entre casa). Cuánto que sabía ese tipo...un maestro