2008/11/04

Bandas del sur (Carta de los chicos)

Sobre la mesa, una veintena de cartas esparcidas. Centro la vista en la mesa donde un pocillo de café a medio tomar se erige como una isla o como un faro que custodia las electrizantes historietas que componen las vidas de estos chicos. Hay en el desorden de papeles y demás cosas un alto grado de furiosa estética. Busco en el ready make de los papeles de carta, la inspiración que me lleve a traducir estas epístolas en narraciones. Engañosos relatos de mis amantes. Adelante con sus dolores, obseciones, pasiones, viva vivida y por vivir. De entre los escombros del papel surge el pequeño cocodrilo de Escher, los pequeños aligator del dibujante holandés, poco a poco van girando hasta producir una suerte de fuerza centrífuga. A ella me adhiero para escribir.
“ Nos conocimos una noche en Galileo. Ellos se hacían conocer como la banda de Cecil y nosotros nos estabamos forjando como la banda de Neurona. Esa noche como en general venía pasando en los últimos fines de semana Galileo explotaba de gente, casi que no se podía andar. La presión que los codos y antebrazos ejercían sobre los cuerpos hacía que todo el mundo ande más o menos irritado en ese amontonamiento. Así que nos arrumbamos como de costumbre contra la barra a viajar, una noche más, en un furioso tour de alcoholes. La noche transcurría veloz e insomne tras los continuos faroles de fernet con coca o de vodka con menta que Gerardo nos servía con cuidada parsimonia. Teníamos la bolas por el piso con la música de mierda que desde hace un tiempo se les empezó a ocurrir pasar. Erasure, Depeche Mode y no se cuanta verga más. El Tano Gratta entre trago y trago miraba a cada rato el reloj esperando, que después del interminable set de música tecno que comienzen los esperados“nacionales”.
Después del incidente de esa noche Mirko me diría, cuando volvíamos al barrio, que él ya había visto alguna vez en Galileo a los pibes de Cecil. Pero yo no los recuerdo. Raro no acordarme por ejemplo de unos ojos como los de la Siberiana. Más por la experiencia que me daban una centena de noches en Galileo que por mi pobre audición perdida en la bruma de los tragos, teniendo en cuenta el horario que el Tano me decía que era mientras le mostraba la lengua verde de menta a una morocha que pasaba por ahí escuche la voz enclenque de Calamaro cantando Loco por ti. Nos fuimos arrimando a la pista sabiendo que lo bueno, de una vez por todas estaba por comenzar. Lechu Aschero, el Loco Pintos, la Negra Liove, todos nos acercamos con nuestros nuestros tragos reforzados por otra generosa medida de Branca redoblada por Gerardo y como barriles cargados de dinamita estabamos esperando explotar al primer acorde de rock que surja desde un disco de Patricio Rey. Era posible que esos dos o con suerte tres temas justifiquen nuestra presencia en el boliche y sin exagerar también podría decir que nuestro fin de semana. La cosa es que esperábamos ansiosos esos tangos fatales. El Gordo Julio intimidaba al disk jockey desde debajo de la cabina juntando pulgar con pulgar e índice con índice y formando un círculo, obligándolo a pasar ya a los Redonditos, aunque más lo obligaba creo el gesto posterior la enorne mano de Julio plana ,bajando y subiendo, como si picara cebolla, en señal de que si no lo hacía lo iba a fajar. Creo que al disk jockey también le gustaban los Redondos.
Nos cominos con una ansiedad que nos carcomía el cuerpo “Cuando pase el temblor”. Ese carnavalito de mierda estuvo a punto de hacer estallar de bronca e impaciencia a la Turca Gitar que con sus blancos dientes apretados como si llevara un cuchillo ya iba trepando la escalerilla que conducía a la cabina del disk jockey para coaccionarlo de no muy buen modo. Desde allí se largó para caer a hombros del Gordo Julio cuando arrancó la marcha encarnizada de “Vencedores vencidos”. Sobre su furioso fluir de guitarras como dagas encaminamos el desatarse de nuestras pulsiones. Sobre su latir de animal musical nos patinamos el cuerpo. El Lechu Aschero barrió como un jugador de rugby a todos los boludos que todavía se alineaban para bailar con sus parejitas. El Loco Pintos y la Negra Liove pegaban saltos en el terreno abierto que hacían sacudir las maderas de la pista de baile, en pocos segundos todos los chicos de Neurona , los diez o doce incondicionales de todos los últimos años estabamos brincando como endemoniados cabríos al son de la marcha fabulosa de Patricio Rey. Como todos los sábados que acontecía este hecho se formaba un círculo de curiosos alrededor para ver, a los delirantes drogadictos redonditos, así nos conocían, nunca supe por que otras bandas nos intentaron golpear. Eramos pendejos de dieciséis y diecisiete años, no perteneciamos a los grupos chetos que dominaban el boliche, ni ninguna cosa por el estilo. Seguramente le caeríamos simpaticos, no se. “Mevoycorriendoaverqueescribeenmiparedlabandademicalle” terminamos abrazados y luego agitando los brazos hacia arriba como si el que conducia la cabina de música fuera el mismisimo Indio Solari. Sin que pudieramos recuperar fuerzas con un trago de fernet de los vasos que dejamos contra la pared, el tipo conmovido por el show nos largo como una centella que venía hacia nosotros “Aquella solitaria vaca cubana”. Creo que Nano, si creo que era él se sacó la remera con la bandera roja, azul y blanca de Cuba y la susodicha vaca estampada en el medio, para que nosotros sus adoradores la veneremos flameando sobre nuestras cabezas. El Loco Pintos prendió un cigarrillo y semejando creo que un porro hacía fumar a la vaca, mientras el Indio decía que “la civilización la amaba y justo a tiempo...”. Cuando nos encaramabamos a dar los saltos mortales del estribillo fue que entró la banda de Cecil. Vi muchas camperas de cuero, remeras de Oktubre y una flaca de casi dos metros que con la misma mirada de bruja linda de la Negra Poli y su cabeza enfudada en una gorra de lana gris, dominaba con su vista toda la escena. nos sacaron a codazos y patadas de la pista, Nano me decia después que nos habían ttomado de improviso, de sorpresa hijos de puta que si hubieramos sabido que eso iba a suceder nos hubieramos plantados de tal forma sobre la pista de baile que ni empujando con una ariete de roble de esos que utilizaban para derribar las puertas de los castillos nos hubieran desplazado, nos cagó el factor sorpresa repetía igual que si fueramos un pelotón de combate madrugados por el enemigo en medio de la jungla. Bailaban el pogo más desaforado que ví en mi vida. Cecil permanecía inmutable en su bastión de casi dos metros de altura en el borde de la pista. Cuando el Indio comenzó a estirar con su voz magníficamente teatral el final de la canción, el gordo Julio me miró como diciendo: ¿que hacemos?.Inmediatamente el chabón de la cabina pincho el surco 4, Presos políticos. Los de Cecil, - el Largo, Caniche, Javier de Lugano, el mohicano Juárez, cubrían la pista como si estuvieran prestos a la defensa de un abordaje mientras deshacian la filigrana arrebatada de sus últimos pasos de pogo, miraban alrededor con atención, como si supieran la que se les venía.
El primero que encaró fue Nano, atrás lo seguí yo y aprovechando que los de Cecil cruzaban sus muñecas sobre sus cabezas, gritando detenganos, detenganos, arremetimos hacia el centro de la pista. Al principio el entrevero fue duro, hubo piñas, cabezazos y rodillas levantadas a la altura del pecho. El liderazgo redondo costaba sangre, podría haber escrito un periodista trasnochado. Debe haber sido la voz del Indio o no se que mierda colorida del destino pero lo que pintaba como una batalla campal con una importante cifra de contusos con sus respectivos charquitos de sangre, en cuestión de segundos, como por arte de magia se volvió pogo compartido y amigo. Nos empujábamos con toda la onda de quienes tienen algo en común y el Lechu Aschero ya había copado la cabina y le hacía poner al pibe “La Bestia Pop” para terminar de consolidar la confraternidad de las tribus. Cecil que se mantenía todavía a un costado iluminaba sus ojos. Me acerqué a ella y del modo de estar sellando un pacto de no agresión cruzamos nuestros vasos de fernet. La Siberiana nos invitó a ir a la pizzería que está cruzando las vías. Salimos agitados y transpirados, cantando “El Regreso de Mao” y ametrallándonos a preguntas y respuestas sobre Inéditos testeandonos para comprobar que estabamos ante auténticos redonditos. Cuando Nano los agarró en un renuncio al no conocer “Nene no comprendo tus ambiciones” los conminó a que los que tenian que pagar la birra en la pizzería eran ellos. Cecil sin hablar indicó que aceptaba la pequeña derrota. Ya en “La Pizza de Héctor” nos enteramos que los chicos eran casi vecinos que no había más que cruzar las vías para toparse con su barrio. Un barrio redondo por cierto.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Los lei todos de un tiron.
Esta buenisimo lo que haces.

Agur!

V. dijo...

Si a los atentos 90' se les hubiera escapado una camada de lunáticos carismácos como la banda de "los redonditos", Neurona tendría herederos y yo estaría en ellos.
Gracias por testimoniar aquello que hubiera pasado al olvido.

V.

Julia dijo...

¿El Lechu Aschero es el profe de Historia?
Muy bueno lo que hacés.
Julia.

Anónimo dijo...

El Lechu Aschero es ese bombomsito q da Catedra en lla Carcel?

pablo dijo...

Puro veneno el Lechu Aschero.

Quico Ponce dijo...

Esta época de intolerancia debe ser olvidada.Las pocas veces que logré sacar a bailar a una mina, enseguida los patovicas ricoteros copaban la pista y te aguaban la fiesta. Soda Stereo no te dejaban bailar porque era comercial.Los Redonditos no se podían bailar porque ellos se creían los únicos destinatarios de esa música.
Por suerte dejaron de ir al boliche sino moría virgen.

Aurelia Diche dijo...

Alucinante lo tuyo flaco. Me sentí muy identificada con el algunas partes del principio. Tengo un master en quemarle el coco a los djs para que me pasen algún tema de los redondos.
Te agregué a los links para pasar mas seguido.

espanish dijo...

Epoca en que Saruman patoteaba a los pibes redonditos por pintar paredes,jaja buenisimo

multi1978 dijo...

Muy bueno Andrés, ahora debo leer retroactivamente todos los cuentos, saludos.

P.d.: Bolaño está de puta madre!

Anónimo dijo...

a ese espanish lo conozco...gran amigo.....aguante el cabeza Aschero¨!!!!