2008/10/12

Enrique

Cumpleaños de Enrique. Es como penetrar en el anverso más cargado de gotas de un cartón de ácido californiano. Como una vieja Enrique evitó decir cuantos años cumplía, con tono macarrónico nos eludía diciendo que cumplía su polvo un millón o su saque N 12000.
Enrique solo admite que en su cumpleaños le regalen merca. Fuera del capricho le compré “Los vagabundos del Dharma”.Tenía en el momento de recibirlo tan dureza solemne que hasta se emocionó.
En un rincón del living, Deborah exprimía limones sobre lo que aparentaba ser una gigantesca olla de caipirinha. Daniel sacaba un disco de Olodum para poner uno de Cocteau Twins mientras como al descuido le arrojaba, unos corazoncitos de cartón rojo a la olla.
Bajo el vocinglerío de las princesitas dementes de Cocteau Twins y cuando la gente ya empezaba a extrañar un poco los acordes de un furibundo rocknroll fue que entró el Petiso al departamento. Entró agarrandose con sus dos brazos el pecho. Los soltó para abrazar a Enrique, recién cuando Enrique lo separó un poco de su cuerpo nos dimos cuenta que tenía un terrible corchazo en el estómago. Pedía por favor que no lo lleven a ningún lado, a ningún hospital quería decir que lo curen hay mismo por que tenía desde hace tiempo pedido de captura. Lo llamanos al Turco que tiene cuarto año de medicina y lo atendió en la cama de Enrique. Por suerte la intervención del Turco dio resultado y el Petiso terminó bailando flamenco con la bala de la .9 que le sacaron de la panza sobre la cabeza. Después nos enteraríamos que el Petiso venía de tirotearse con varios polis. Según nos conto después le había mexicanedo un buen terrón de materia lunar a un comisario de la zona, lo siguieron por Córdoba hasta que chocó contra otro auto en la esquina de Jean Jaures. Ahí se produjo la balacera que hirió al Petiso: todo por hacerle un buen regalo a Enrique, dijo alguien. Una vez que el Petiso se hubo repuesto continuó la fiesta, fiesta que en realidad nunca se había detenido, siempre con las chicas bailando sobre la mesa y los alcoholes y los ingredientes sofocando las bocas y las narices de todos. Daniel y Kiki siguieron sacando faroles descomunales de caipirinha de la olla para los presentes hasta que la rigidez producto de la grandilocuente torta que trajo el petiso prevaleció sobre el delirio dinámico de la hierba y el alcohol que hasta el momento habían guiado el rumbo de la noche. Cuando llegaron Skay & Poli, Enrique estaba en su mejor momento, descalzo y parado sobre el respaldo de un sillón recitando una versión muy particular de “Aullidos” donde, en cada verso nos incluia a cada uno de los presentes como parte del poema de Ginsberg. Más tarde, muy entrada la madrugada, Skay tomó la guitarra y me conminó a que cantáramos Preso en mi ciudad y Motorpsico. Aprecié desde esa montaña de demente lucidez que habitaba en mi cabeza, como esas dos canciones fueron calando fina y subterráneamente, la fibra íntima de los amigos. Entreví la melodía trágica de mi voz penetrarlos muy al fondo de sus puntos primordiales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

me encanta loco muy bueno q bueno exelente vos lo hicistes todo. bien ahi te felicito por una inspiracion al indio.
Viva el rock.